En el marco del Festival Sentires y Pensares organizado por la Fundación Cedesocial en la ciudad de Barranquilla, la Corporación Agencia Cultural 7-80, resultó seleccionada para participar en la programación artística del 25 al 27 de noviembre de 2021.

Heroína somos muchas, es una puesta escena escrita y dirigida por el promotor cultural venezolano Ramón González Uzcátegui, e interpretada por las actrices barranquilleras Luz Adriana Torregrosa, Heimes Reales Rizo y Mayerlin Gary, con la producción del también venezolano, Alejandro Sierra De La Hoz. Esta propuesta artística resultó ganadora en 2020 de la convocatoria pública El Escenario es tu Casa, auspiciada por la Secretaría Distrital de Cultura y Patrimonio de Barranquilla.
En el escenario a cielo abierto de la Alianza Francesa de Barranquilla, se representó este drama, que dio inicio a la Feria en el marco de los 16 días de activismo en contra de la violencia basada en género.
Reflexiones de un espectador sobre la propuesta
II Feria de Sentires y Pensares
Heroínas somos todas es el segundo recurso de este primer momento para pensar, estuvo a cargo de la Corporación Agencia 7/80.
Una síntesis de la obra sería presentada así: tres mujeres vestidas de rosa, sus vestidos cubriendo su torso desde su cuello hasta un poco más allá de sus rodillas, una cola de caballo que dejaba ver su rostro nítidamente, sin estorbos ni maquillaje; tres mujeres siempre colocadas simétricamente sobre el escenario, sus voces fuertes eran una especie de reclamo, un grito de auxilio, un coro solemne, pero fúnebre.

Heroínas somos todas es una tríada sobre la que se monta la trama vivida de la violencia intrafamiliar, concluyendo al final con un retrato de la Violencia de Género. Una pregunta que cabe hacer aquí es, qué puede hacerse desde las artes para erradicar este mal. Las artes tienen la potencialidad de transgredir, haciendo entrar al espectador a lo representado, superando la barrera de cristal, irrumpiendo en su sensibilidad por medio de la experiencia ofrecida.

El misterio que rodeaba cada escena vinculaba siempre a un silencio venial, no sacro ni litúrgico, era un poco más lúgubre sin perder su sentido conmemorativo. Su representación estaba en el borde de lo que se rehúye como destino trágico en la Violencia de Género, la muerte. Lo trágico como lo inevitable, como aquello que no puede ser de otra manera más que entregándose a un destino fatal e irreversible.

Ahora bien, la obra de teatro Heroínas somos todas, transfigura ese destino trágico y nos los muestra en que elegir no necesariamente lleva a la muerte, sin embargo, nunca se sale ilesa. Esta representación teatral al final confluyen en un grito unánime en defensa de la vida: – NOS ESTÁN MATANDO, grito de miles de mujeres, esta vez representado en tres ellas vestidas de rosa sobre el tablado de la II Feria. Un grito que se dirige sin interferencia al espectador, interpelándolo en razón de su responsabilidad con los asesinatos de estas 521 mujeres, con cada uno de sus dígitos; es inevitable entonces no preguntarse ¿qué estoy haciendo? ¿estoy haciendo algo para cambiar esta realidad?

Tres mujeres que giraban sobre un mismo escenario, sin perder su triangular presencia, para mostrarnos sin pausas la tragedia de la Violencia de Género en el seno de la más sobrevalorada institución social, la familia. He aquí, dos mujeres que se intercambian el rol del hombre sobre la escena, para expresarlo estéticamente, dos de ellas eran siempre poseídas por el fantasma de un hombre irascible y contagiado, quien establecía los medios para convertirse frente a su esposa en su más cruel verdugo.

Cosas de las que no puede escapar nuestra mirada más responsable, es ver en cada escena a una mujer diferente, quizá, nuestra madre, nuestra hermana, amiga, vecina, conocida o desconocida, mujeres, al fin y al cabo. Todas ellas enfrentadas en un final trágico que solo se determina por su actitud frente a su realidad. Esta sucesión de escenas nos muestra, por un lado, la sumisión, el silencio, el ocultamiento y la negación, y por el otro lado, los gritos mojados en lágrimas de los hijos. Mujeres que son al mismo tiempo madre, hija, amiga, hermana y vecina de alguien, de nosotros.


Quedan con esta obra algunas reflexiones. Aquella de que los niños, los hijos, posan en el silencio de la madre, gravitando en la inestabilidad producto de la Violencia de Género. Todo está replegado al interior, en la intimidad de la vida familiar.
Tres mujeres, pero ¿por qué mujeres?, ¿por qué tres?, ¿por qué no cuatro en lugar de tres?, un simbolismo escatológicamente estético que podemos desenmarañar: porque tres es multitud; porque el rosa en sus vestidos, la simetría en sus movimientos y sus peinados estirados sobre el contorno de sus cráneos nos dejan a la conciencia la representación de la sororidad como una respuesta a la Violencia de Género, ésta aquí es la transfiguración de lo trágico en sus escenas.

Del mismo modo, que nos muestran entre sus líneas los móviles más perceptibles que conducen a ello, los factores que la establecen y conducen a dicho final trágico. Todo esto para concluir con estas frases que significan la puerta siempre abierta frente a la Violencia de Género: “al fin cumplí mi gran hazaña: hablar”. Y luego, cerrar afirmando: “El amor no duele, el amor no obliga, el amor no lastima. ¡NI UNA MÁS ¡”

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